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Mitología y leyendas urbanas: LA LEYENDA DE OVNIS EN AFRICA

Ovnis en Africa

b1a6c69ba6bf99ec37c5e6e0ba45e6d7 LA LEYENDA DE OVNIS EN AFRICA mitos y leyendas

Uno de los primeros casos reportados sobre la presencia de OVNIs en África proviene del célebre libro Travels in West Africa.
Uno de los primeros casos que nos ha llegado sobre la presencia del fenómeno ovni en África proviene del célebre libro Travels in West Africa (Viajes en Africa Occidental) por la incansable viajera inglesa Mary Kinglsey, cuya obra se ha convertido en una herramienta sociocultural de valor incalculable. En 1895, la aventurera victoriana salió sola de noche a bañarse en las aguas del Lago Noovi – entre los rios Ogowe y Rembe de la actual república de Gabón – cuando se vio sorprendida por la aparición repentina de una bola de color violeta del tamaño de una naranja. (…)

El objeto se desplazó sobre la arena a la orilla del lago mientras que otro objeto del mismo color y dimensiones aparecía en uno de los islotes del lago, volando sobre el agua para unirse a la primera luz en la playa. Kingsley, sin pensarlo dos veces, se dirigió hacia las luces, creyendo presenciar “un insecto nocturno que nadie había visto jamás”. Pero las luces, aparentemente tímidas, abandonaron la playa para zambullirse en el agua. Desde su canoa, Kinglsey pudo ver que las luces violeta resplandecían en las profundidades, disminuyendo su intensidad conforme descendían al fondo. Consultando a sus guías nativos a la postre, los extraños objetos fueron descritos como aku – demonios.

Las grandes oleadas posteriores al avistamiento de Kenneth Arnold sobre el Monte Rainier en EE.UU. en 1947 no demoraron en producirse. Norteamérica y Europa presenciaron los primeros avistamientos-ya legendarios-que constituirían los cimientos de la investigación ovni. Lo mismo sucedió en África, aunque tardaran décadas en recogerse los distintos casos, la mayoría gracias a la desaparecida investigadora Cynthia Hind y su red de investigadores en el sur del
continente negro.

En 1952, un coche con cuatro sudafricanos que se encaminaban a un campeonato de bolos en la ciudad de Beaufort West atravesaba la desolada región de la República Sudafricana conocida como el Karroo – una zona amplia y mayormente vacía en dónde a la postre se producirían algunos de los casos más notables del continente – cuando los deportistas se toparon con el misterio. A 20 kilómetros a
las afueras de Laingsburg, el testigo, DG, fue despertado por uno de sus compañeros de viaje, instándole a echar una mirada por el cristal de la ventana.

“Vi lo que parecía ver una bola verde resplandeciente hecha de una sustancia nubosa a varios metros del coche, que parecía cernirse sobre el suelo. Poco
después el objeto siguió a nuestro vehículo, alcanzándonos desde atrás e inundando el compartimiento de pasajeros con una luz verdosa antes de pasar directamente sobre nosotros. Al hacerlo, el motor quedó calado y quedamos detenidos en pleno camino”.

El chofer consiguió arrancar el motor de nuevo, explica DG, y los cuatro pasajeros a bordo del vehículo siguieron viendo la luz, que esta vez se encontraba a 200
metros hacia el frente. Picados por la curiosidad, los pasajeros abrieron las puertas y salieron para poder ver el objeto mejor.

“El objeto se desplazó a la izquierda”, dijo DG, “y ahora estaba a unos 400 metros de nosotros. Su tamaño relativo era el de una rueda de tractor, pero sólo podíamos ver una forma aproximadamente circular entre la niebla resplandeciente que lo cubría. Como no teníamos cámara fotográfica, no pudimos retratarlo. A estas alturas, George (el chofer) comenzó a quejarse que no se sentía bien,
recargándose contra el coche y afirmando que le dolían los ojos por haberse fijado en el objeto justo cuando volaba frente a nuestro vehículo. Mientras que nos internamos en el auto nuevamente, el objeto aprovechó para salir disparado
verticalmente, perdiéndose en la oscuridad. A fin de cuentas llegamos tarde a Beaufort West, y el gerente del hotel trató de buscar un farmacéutico que atendiese los ojos de George, que estaban hinchados después de la experiencia. Firmamos una declaración de lo que habíamos visto en el Karoo y lo remitimos al periódico Cape Times, pero nunca acusaron recibo. El incidente apareció mencionado brevemente en el periódico local de Worcester, pero ninguno de los presentes en Beaufort West vio algo parecido”.

El caso de DG recuerda poderosamente a casos ocurridos en los Estados Unidos durante la misma década cuando se hablaba de los “meteoritos verdes” que
supuestamente estallaban silenciosamente y que llegaron a ser investigados por comités científicos. Otros testigos han presenciado bolas verdes parecidas mientras que se desplazaban en sus vehículos a lo largo de las carreteras, siempre de noche. Lo interesante del caso sudafricano son los efectos claramente físicos (hinchazón de los ojos, nausea, etc.) experimentados por el chofer del automóvil, que son síntomas clásicos de un encuentro cercano del segundo tipo (CE-II, según la clasificación de J.A. Hynek).

Dos años más tarde, el 7 de julio de 1954, John Flanagan, contando entonces con seis años de edad, vivía en la granja Honey Dew en el distrito de Chivhu de la actual república africana de Zimbabwe (entonces Rodesia). La granja, según recuerda el testigo, se encontraba sobre un promontorio que le permitía ver la sábana africana o bushveldt así como las montañas azules que dominaban el
horizonte. Al atardecer de ese día, dos trabajadores de la granja informaron llamaron la atención de los propietarios a cinco o seis objetos en el cielo que “parecían dos platos soperos pegados”, según Flanagan. Aunque era posible
observar los extraños objetos claramente, estos estaban a gran altura y parecían estar montando un “espectáculo” para el beneficio de los testigos en tierra. Los objetos se desplazaban a velocidades increíbles hacia las montañas lejanas pare regresar con igual rapidez al espacio aéreo en la vertical de la granja de los Flanagan. El evento hizo tal impresión en la mente del joven John que le era posible recordar los detalles claramente casi 40 años después; parece ser que los labriegos de la granja – miembros de la etnia shona – reaccionaron no con miedo sino con un asombro indescriptible, describiendo lo visto como murungu mkulu,
que significa “gran hombre” y que a menudo se reserva para hablar de Jesucristo.

El padre de Flanagan se comunicó con las autoridades sobre su avistamiento y el episodio apareció en las páginas del rotativo Rhodesia News. Años más tarde, John habló con su madre para comparar recuerdos, y la Sra. Flanagan dijo que también lo recordaba a la perfección: el incidente había ocurrido sobre las 17:00 horas y que los objetos no habían emitido brillantez alguna, reflejando la luz en sus
superficies que tiraban entre plateado y gris. Los objetos causaron una clara consternación entre los miembros de la familia y los invitados a la granja, que coincidieron en que los objetos no eran terrestres, y gobernados por alguna clase de inteligencia.

Se desconoce si la familia Flanagan estaba consciente de que los OVNI se habían interesado por el sur del continente africano desde comienzos de la década, y que
otros encuentros en la misma región de la moderna Zimbabwe habían sido dados a conocer a los medios. En mayo de 1951, el Sr. TPF (entrevistado décadas más tarde por Cynthia Hind) afirmó haber visto un objeto parecido a “dos platos elípticos de poca profundidad, el uno invertido sobre el otro” que se detuvo sobre la granja Buckmaster una noche. Silencioso y sin luces, el platívolo infundió semejante pavor en uno de los testigos que lo hizo montarse en un coche y abandonar el lugar a toda prisa.

En 1956, la revista Flying Saucer Review publicó una nota sobre la presencia de “Platillos Voladores” sobre la población de Ndola en la actual república de Zambia. El 3 de julio de ese año, el Sr. L. Walker, ferrocarrilero, había visto un objeto redondo y plateado al norte de Ndola. El objeto se había cernido por espacio de 4 minutos en el mismo sitio, según Walker antes de desvanecerse poco a poco y desaparecer por completo. Uno de sus compañeros de trabajo dijo que se trataba de un platillo volador – término que ya podía escucharse hasta en las partes más recónditas del África meridional. El servicio meteorológico negó
rotundamente que se tratase de globos sonda.

Las actividad ovni en los cielos de Zambia / Zimbabwe en julio y agosto de 1956 parecen constituir un macroavistamiento concentrado mayormente en las regiones de producción cuprífera de Zambia, con objetos avistados sobre los asentamientos mineros de Ndola, Kitwe, Chingola y Bancroft, aparentemente interesados en el mineral de la región. “Los mineros salían a la oscuridad desde el interior de las tabernas locales, riéndose de la broma que pensaban que les jugaban sus colegas,” escribe Waveney Girvan, entonces editor de FSR. “Pero las sonrisas desparecían de sus labios al mirar hacia el cielo y ver el objeto misterioso, que se cernía antes de desaparecer.”

El interés del fenómeno ovni por las minas de cobre y de oro es algo legendario y que se ha comprobado en otras partes del mundo, como en las proyectadas minas de cobre en Adjuntas, Puerto Rico, donde un objeto desconocido parece haber rajado una de las enormes planchas de metal que cubrían los pozos de pruebas de extracción, tal vez realizando su propia extracción con medios desconocidos.

La década de los ’50 tocó a su fin sin casos de mayor trascendencia que estos a la par que la actividad ovni se transfería a otras partes del mundo, pero las décadas
posteriores traerían con ellas toda suerte de fenómenos inexplicados.

LA LEYENDA DE OVNIS EN AFRICA
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