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Mitología y leyendas urbanas: LA LEYENDA DE LOS TESOROS ESCONDIDOS

Los tesoros escondidos
c04b2f5a81a679088aa444447a912e03 LA LEYENDA DE LOS TESOROS ESCONDIDOS mitos y leyendas

- Leyenda de Rumanía -

Por toda la Transilvania hay una creencia general en la existencia de tesoros escondidos. Hay diversidad de leyendas, cuya formación y fe en ellas se estimula por el hallazgo frecuente de monedas griegas y romanas o de algunos tesoros escondidos en tiempos de guerras. El mayor de estos tesoros se conoce con el nombre de «tesoro de Darío», que los habitantes de cada comarca creen que está escondido en las cavernas o cuevas.
He aquí algunas de estas leyendas, cortas y de breve acción.

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Hacia el fin del siglo XIX, un tal Jean Ris descendió, atado a una cuerda, a una cueva cerca de Torda, convencido de que allí encontraría los tesoros de Darío. Se vio cómo descendía hasta unos 40 metros, poco más o menos. Pero llegado allí, no podía avanzar ni retroceder. Los compañeros quisieron sacarle, tirando de la cuerda; pero oyeron que el desdichado Jean Ris gritaba con voz lastimera:
- Es inútil que os esforcéis. Los que guardan el tesoro me tienen encadenado.
Y durante muchos días y muchas noches se le oyó lamentarse, hasta que murió de hambre y de sed.

* * *

Cerca de Mezo Band se abre una especie de caverna. Cada nueve años un hada que tiene allí su morada sale para buscar agua al lago vecino. La puerta de la cueva queda abierta hasta el regreso del hada. Había en las proximidades un pobre hombre que buscaba en vano la ocasión de enriquecerse. En una de estas salidas del hada creyó que era el momento oportuno para penetrar en la cueva, donde suponía que había un tesoro guardado por el hada. Entró, y antes de que pudiera encontrar nada, vio que el hada volvía. Salió corriendo; pero tropezó, y al salir, la puerta se cerró, cogiéndole uno de los talones. Y el pobre hombre se quedó cojo para toda su vida.

* * *

Una vez había un caballero, llamado Zeta, de muy malas costumbres. Siempre que cometía un acto malo, en vez de arrepentirse se complacía en blasfemar. Este caballero era muy rico, y así, la justicia terrena no podía nada con él, y la justicia divina era despreciada por el blasfemo. Y tenía dos hijos tan blasfemos como él.
Pero un día el Dios de los cristianos, queriendo darle un ejemplar castigo, en el momento en que Zeta y sus hijos se encontraban en medio de una bacanal, hizo que el castillo del mal caballero se derrumbara, enterrando a éste, a sus hijos y a los grandes tesoros que allí guardaban. El tesoro se encuentra aún en el monte donde estaba el castillo.
Cada siete años, en la noche de San Jorge, las puertas del castillo se abren. Hace unos cien años, un tal Boshazi entró en el interior de la montaña mientras las puertas estaban abiertas.
Entró por unos corredores oscuros y húmedos, al fondo de los cuales se veía resplandecer un gran brillo. Llegó hasta allí y se encontró una cámara con montones de oro, de piedras preciosas, de vasos riquísimos. Guardando el tesoro estaban los dos hijos del caballero Zeta. Boshazi les preguntó:
- ¿Hasta cuándo habéis de estar aquí?
- Hasta que no haya cristianos sobre la tierra – respondieron los condenados.
Boshazi llenó sus bolsillos de oro y plata y regresó hacia la salida. Mas en el momento en que pasaba por la puerta, ésta se cerró, cogiéndole por un talón, y, al caer, el oro y la plata se vertieron y se perdieron. Boshazi murió en la miseria.

LA LEYENDA DE LOS TESOROS ESCONDIDOS

LEYENDAS DE RUMANIA

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