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Mitología y leyendas urbanas: LA LEYENDA DE LA VIRGEN DEL VALLE

La Virgen del Valle
c04b2f5a81a679088aa444447a912e03 LA LEYENDA DE LA VIRGEN DEL VALLE mitos y leyendas

- Leyenda de Venezuela -

Al oriente de Venezuela se extiende un espléndido valle en el que, ciertamente, la Naturaleza no ha regateado ni uno solo de sus encantos. La variedad espléndida de su vegetación, de cuya lozanía cuida la frescura del agua de uno de los tres riachuelos que riegan la isla, las blancas y pequeñas casitas del vecindario, que se extienden a un lado y a otro de los cañaverales, la gracia lánguida de los cocoteros, que mecen al viento sus verdes y lujuriantes penachos, no tendrían ni más ni menos de particular que otro rincón cualquiera de la isla, si no fuera porque en éste y en ningún otro se encuentra la Virgen del Valle.
Los guaiqueríes son aborígenes de la más pura raza. Sanos, fornidos, callados y profundos, viven en el valle cultivando el campo bajo el sol que arde entre las cañas, o surcan el océano en sus delgadas y esbeltas piraguas, en pos de las ostras que en el seno de sus conchas guardan codiciosas la preciada perla premio a sus desvelos.
Uno y otro – el guaiquerí de tierra que resiste los soles ardorosos de los cañaverales, o el del mar que bucea hasta arañar con sus manos broncíneas las entrañas del océano – tienen como única patrona a la Virgen del Valle.
La Virgencita, pequeña y morena, no abandona jamás a sus hijos, y ellos, en pago a su infinito amparo, llenan su retablo de reliquias y votos de plata y oro. Y es el caso que como la milagrosa imagen no cesa de derramar su divina gracia, la capilla parece, en verdad, la filigrana de un orfebre. La iglesia, entre las palmeras de coco, más bien da la impresión de querer subir al cielo, y tan fino y sutil es el repique de sus campanas, que más parece que sean ángeles que cantan la bienaventuranza. El fervor cunde entre las gentes de todos los estados y condiciones, y al atardecer, cuando la Virgen sale majestuosa a la procesión del día de su fiesta, hasta la brisa se vuelve cadenciosa. Aquí se oye un suspiro que se filtra en el viento; allá, una plegaria suave y transparente que parece perfumar la tarde azul, y todo se estremece, se turba y se transforma al paso lento de la procesión.
Pero vamos a la historia:
Un guaiquerí buscador de perlas, tuvo la mala fortuna de ser mordido en un muslo por un tiburón, que le hizo tan profunda y maligna úlcera, que lo hacía desesperar de dolor. El médico halló como único remedio amputar la pierna, que ya empezaba a gangrenarse. Horrorizado el muchacho ante la tremenda desgracia, ofreció a la Virgen del Valle llevar para su trono la primera perla que encontrara en su búsqueda por las profundidades del océano, una vez que estuviera curado.
La Virgen, en su inagotable misericordia, curó al buceador, y éste cumplió su promesa lleno de fe y gratitud.
Cuando el guaiquerí abrió el dosel nacarado de la primera concha, encontró la pura belleza de una hermosa perla que ¡oh milagro de milagros! tenía la perfecta forma de una piernecita. El buceador puso en el trono de la Virgen la perla ofrecida, y allí está todavía con su rara belleza entre, las muchas joyas de los votos.
El valle está al oriente de Venezuela y no es diferente a otro cualquiera: cañaverales que forman extensas plantaciones; palmas de coco, de brillantes y sensuales pencas y un riachuelo que refresca la tierra caliente y voluptuosa. Pero la Virgen del Valle, morena y pequeñita, lo distingue de todos los demás rincones de la isla a la que la Naturaleza no quiso negar ningún encanto.
Y los guaiqueríes, que no desfallecen en su fe y su constancia, siguen llevando sus perlas y votos al trono de su Patrona, y Ella derrama su gracia sin tregua, en el hermoso Valle del oriente de Venezuela.

LA LEYENDA DE LA VIRGEN DEL VALLE

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