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Mitología y leyendas urbanas: LA LEYENDA DE LA VIAJERA CONVERTIDA EN PIEDRA

La viajera convertida en piedra

Cerca de Oyarzun se encuentra la ermita consagrada a los santos Felipe y Santiago. En otros tiempos existía en esa ermita, según cuentan, una bella imagen de Nuestra Señora la Virgen María. Esta imagen tenía en sus manos un rosario que era objeto de singular devoción entre los muchos fieles que a la ermita acudían.

Sucedió que una viajera francesa de noble linaje llegó acompañada de un breve pero lucido cortejo. Cabalgaba en un hermoso corcel y a su lado un apuesto mancebo montaba un buen caballo castaño. Iban conversando la dama y su acompañante respecto de las costumbres de los vascones, que a ella se le antojaban rudas, así como supersticiosas sus creencias. Al fin, se detuvieron cerca de la ermita. El día estaba bochornoso y los viajeros quisieron reposar un rato bajo los robustos árboles que crecían junto a la pequeña iglesia.

Llevada por su curiosidad la dama penetró en la ermita. Contempló distraídamente la imagen de la Virgen y su mirada se fijó en el rosario que la santa imagen tenía en las manos. Tan rico y bien tallado era, que la dama sintió el capricho de poseerlo. Y así se lo hizo saber a su compañero, el joven galán que era el jefe de la escolta.

-Deseo ese rosario y he de poseerlo. Nunca vi otro tan hermoso como él.

Trató el caballero de disuadirla rógandole que no cometiera tal sacrilegio:

-Joyeros que encontraréis que os harán mejores rosarios que éste, rústico y pobre.

Mas la señora insitió y ella misma subió a las gradas del altar y cogió el rosario ocultándolo en su faltriquera. Después salieron de la ermita. La dama satisfecha y orgullosa; el galán, inquieto por haber consentido tamaña trangresión.

Continuaron el camino, pero ya la animada conversación de antes se había trocado en un silencio casi molesto. De pronto, en medio del camino, surgió la extraña figura que gritó:

-¡Alto a los caminantes!

La escolta, de inmediato, echó mano a las espadas suponiendo que aquel individuo era un salteador, pero el anciano con voz tonate, exclamó:

-¡Que nadie tema sino aquél que tiene que temer. No os pido nada! -y dirigiéndoes a la dama, añadió -: Sólo a vos os digo que entreguéis el rosario robado a la santísima Virgen de la ermita en la que ha poco habéis entrado.

La mujer palideció repentinamente pero, no obstante, sintiéndose herida en su orgullo y amor propio negó con energía que ella era la autora del robo.

¡¡Es falso eso de que me acusáis, maldito viejo! yo soy una dama, una noble dama francesa. Y las damas de mi país no roban a nadie, ¡y menos a la Virgen!

El anciano, de nuevo, insistió:

-Yo sé perfectamente que habéis sido vos quien, llevada por una reprobable tentación, habéis cogido con vuestras propias manos el rosario que estaba en las de la Virgen. Os vengo pues a pedir que me lo devolváis.

La mujer negó de nuevo ser la autora de tal desmán insitiendo otra vez lo falso de aquella acusación, hasta que juró:

-¡Que me convierta en piedra si no es verdad lo que estoy diciendo!

Pero Dios quiso castigar el sacrilegio y el perjurio y la dama, al instante, quedó convertida en piedra. La escolta huyó aterrorizada.

Hoy, en una lápida romana que existe cerca de la ermita, se ve la figura de una dama a caballo.

LA LEYENDA DE LA VIAJERA CONVERTIDA EN PIEDRA

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