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Mitología y leyendas urbanas: LA LEYENDA DE FLOR SILVESTRE

Flor Silvestre
c04b2f5a81a679088aa444447a912e03 LA LEYENDA DE FLOR SILVESTRE mitos y leyendas

- Leyenda de Puerto Rico -

María de los Ángeles era una hermosa muchacha hija de un marino portugués, que después de hacer algunos ahorros, abandonó la marina, dedicándose al cultivo del campo. Era una hermosa moza, bonita cual ninguna. Su pelo negro y ondulado, peinado hacia atrás, dejaba libre la amplia frente. La suavidad de sus ojos, color castaño oscuro contrastaba con su nariz recta, que le daba cierto aire orgulloso. El frescor de una salud perfecta aparecía en las mejillas y en los labios, y suaves líneas formaban su esbelta figura.
Vestía siempre un sencillo traje de muselina blanca con motas azules, y un pañuelo de seda, colocado con más o menos gracia, rodeaba su cuello. Había algo que nunca faltaba en su atavío. Era una gran amapola colocada al lado derecho de la cabeza, por lo que aquellos que no conocían su nombre, la llamaban Flor Silvestre.
Vivían en el campo, pero todos los domingos bajaban ella y su madre al pueblo para oír misa y pasar el día con la madrina de la moza, que era una señora del lugar. Siempre llevaba un ramo de flores, que colocaba en el altar de la Virgen de Montserrat.
La gracia de sus movimientos hizo que pronto llamase la atención entre los jóvenes del pueblo que, a la salida de misa, se colocaban a la puerta de la iglesia para ver pasar a las mozas.
Llegaron las fiestas de San Felipe de aquel año. El esplendor de un hermoso día de mayo iluminaba la ciudad. Encontrábase también en los festejos María de los Ángeles, que en el brillo de sus diecinueve años estaba más hermosa que nunca, atrayendo las miradas de todos por su gentileza y donaire.
Una gran pelea de gallos había atraído a muchos forasteros. Entre los concurrentes se encontraba un apuesto joven, quien al ver salir a Flor Silvestre de la iglesia, se enamoró de ella. Hizo cuantas indagaciones pudo acerca de la bella joven. Al enterarse de que se hospedaba en casa de unos señores del lugar para los que traía un encargo, y en los que estaba seguro de encontrar apoyo, tuvo una gran alegría. Sin pensarlo más, encaminóse decidido a ver a Flor Silvestre costase lo que costase. Sin aceptar las invitaciones que en la casa le hacían y sin perder momento, explicó el objeto de su visita:
- Iba a hacer esta visita por la tarde – explicó -, pero he visto salir de la iglesia a una hermosa muchacha que, según me han dicho, es su ahijada y se encuentra aquí hospedada; quisiera me la presentara, pues estoy dispuesto a casarme con ella.
Viendo que sus palabras eran sinceras y que se trataba de un muchacho formal, no opusieron inconveniente; cuando llamaron a María de los Ángeles, no pareció sorprenderse al ver al joven. Una vez éste se hubo ido, sus largas pestañas ocultaron por un momento los brillantes ojos: parecía que quisiese evocar algún recuerdo. La voz de la dueña de la casa vino a recordarla de su arrobamiento.
- ¿No te ha causado impresión alguna que un joven quisiera conocerte? – ¿Conocerme? Es que yo ya lo conocía…
- ¿Cómo? – interrogó la señora, extrañada.
- Lo he visto en sueños – añadió.
Con aire sencillo, María de los Ángeles contó que cada domingo cuando traía su ramo de flores a la Virgen, pedía a ésta que le diese un buen novio, y en sueños había visto dos veces al joven que le habían presentado.
- Estoy segura de que éste es el novio que la Virgen me envía – terminó.
Cuatro meses después celebraban su matrimonio en la misma iglesia de Montserrat. María de los Ángeles hizo que Antonio comprase una casa en Arecibo, en la que residirían junto a sus padres. Así podría continuar llevando todos los días su ramo de flores a la Virgen.
Su vestido de muselina blanca con motitas azules, fue el que llevó hasta el nacimiento de su primer hijo, así como la amapola que adornaba sus cabellos.
Más tarde fuéronse a vivir a la Isabela, pues su marido heredó aquí un gran comercio.
Así recompensó la Virgen a Flor Silvestre el ramo que todos los domingos colocaba en su altar.

LA LEYENDA DE FLOR SILVESTRE

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