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Mitología y leyendas urbanas: LA LEYENDA DE COMO ESCRIBIR UN RELATO DE VAMPIROS

Como escribir un relato de vampiros

 

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Como escribir un relato de vampiros.

Algunos géneros poseen detalles y texturas que se reproducen una y otra vez, disimuladas o no, a lo largo de la historia. La literatura vampírica, género normalmente pisoteado, posee algunos rasgos que la definen, a despecho de los matices impresos por cada autor en particular.

Claro que no existen recetas para la literatura. Es decir, no hay una secuencia que compense la creatividad de un autor. Existe, en cambio, un esquema, un marco, una estructura, predeterminada por la experiencia y la funcionalidad, mediante la cual un escritor puede desarrollar su propia imaginación.

Podemos pensar el Esquema Narrativo, en este caso, un esquema forjado en y por la literatura vampírica, como un lienzo en el que el artista desarrolla la proyección de su imaginación. Dejando de lado algunas variantes pictóricas poco ortodoxas, un pintor se mantendrá dentro de los límites del lienzo. Lo mismo sucede con la narrativa especializada, en nuestro análisis, el cuento de vampiros o la novela de vampiros.

Veamos ahora el esquema fundamental del relato de vampiros, dividido en seis preceptos básicos que luego desarrollaremos:

  • El anfitrión.
  • La víctima cercana.
  • El viaje iniciático.
  • La obsesión.
  • La tierra natal.
  • La tradición.

Esta es la base de la literatura vampírica, despojada, por cierto, de todo su misticismo. Sobre estos preceptos se construye todo el edificio del relato de vampiros, a excepción de aquellos que, por preferencia o inclinación, se deciden por alternativas extravagantes. Pensemos que un clásico no se produce ni está relacionado con el exito comercial, un cuento clásico se define por la utilización de las herramientas invariables de un género determinado.

Ahora si, analicemos punto por punto el Esquema del cuento de vampiros.

El Anfitrión:
El anfitrión siempre es un vampiro. Drácula, para Bram Stoker, Gortz, en El castillo de los Cárpatos, para Julio Verne, entre otros. Si no es al comienzo, en algún punto de la trama el o los protagonistas estarán bajo el techo, y la dudosa hospitalidad, del vampiro de turno. Por lo general, se lo posiciona dentro de la nobleza, o como parte de una familia acomodada y antiquísima.

La víctima cercana.
La primera víctima nunca es ajena al entorno del protagonista. De hecho, es su muerte la que impulsa la historia hacia adelante.

El viaje iniciático.
El protagonista, en cualquier momento de la historia, deberá salir de su entorno habitual y sumergirse en la realidad del vampiro, ya sea físicamente, viajando a su castillo o su tierra, o bien psicológicamente, moviéndose en una realidad nocturna. Este cambio parte de la premisa del héroe, es decir, del hombre que trasmuta su existencia para convertirse en un rival digno del mal. Sin esta mutación, no siempre gozosa, el protagonista jamás alcanza la sabiduría para derrotar a su enemigo.

La obsesión.
Hay dos clases de obsesión en el cuento de vampiros. La primera, y más evidente, es la del vampiro, cuyas actividades suelen tener un propósito firme y nefasto, del cual no se desviará jamás. En general, está relacionada con un amor trágico, puro en sus orígenes pero eventualmente antinatural. La segunda obsesión corre por cuenta del héroe, quien ya vestido con su gala mítica persigue al hematófago de turno hasta los confines del mundo. Ninguno de los dos, dicho sea de paso, cede ante las numerosas oportunidades de echarse atrás.

La tierra natal.
La tierra natal es fundamental a la hora de construir un relato de vampiros. También opera en dos ángulos opuestos, en el vampiro y en el héroe. El primero, casi siempre, necesita de su tierra de origen para vivir, ya sea habitándola o durmiendo en cajones cargados con ella. En algún punto del relato, por lo general, al comienzo y al final, el vampiro juega de local, es decir, se mueve en su entorno primigenio, sede de su transformación. El protagonista, en cambio, puede habitar en su lugar de origen, incluso luchar allí, pero importa menos su locación que la estructura lógica que lo domina. En otras palabras, la tierra natal del héroe es la civilización y los valores que encarna. Será héroe en tanto respete los estamentos morales y éticos de su entorno natalicio. Normalmente, esto se reduce a la ética occidental.

La tradición:
La tradición, el saber popular, se encarna en dos entidades. El pueblo, normalmente aquel que gira en torno al vampiro, previniendo al héroe de sus artimañas o informándole sobre sus puntos débiles; y el Sabio, aquel ser enigmático que parece conocer todo sobre los vampiros y que asiste al héroe en su jornada contra el mal.

Estos son, en mayor o menor medida, los preceptos del Esquema de la literatura vampírica. Cada uno, desde ya, posee matices propios y variaciones impresas por cada autor en particular, pero en líneas generales conforman la base, el lienzo, si se quiere, de toda la narrativa de vampiros.

Saber moverse dentro de este antiguo lienzo es cosa seria. De nada sirve aplicar la antropología literaria en un contexto poco creíble. Todos los que decidimos abrir un libro de vampiros estamos dispuestos a suspender momentáneamente la incredulidad siempre que el autor nos ofrezca un universo coherente, y unos personajes que no excedan sus propias reglas. Este es el verdadero olimpo de la literatura fantástica: la coherencia de lo increíble.

LA LEYENDA DE COMO ESCRIBIR UN RELATO DE VAMPIROS

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