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Mitología y leyendas urbanas: EL MITO DEL GATO NEGRO

MITO DEL GATO NEGRO

Esta es la historia de una familia de gatos negros. Trata sobre la manera como han vivido a lo largo de la historia junto con los humanos para así poder ver y entender el mito que se ha creado a su alrededor.

El primer gato negro de esta familia nació en el antiguo Egipto en medio de una gran expectación. En esa época se consideraba que tener un gato negro era señal y signo de culto, por lo que las mejores familias se peleaban por adquirir uno. Este era el motivo de su elevado precio.

Este gato nació salvaje y a corta edad fue encontrado por un campesino de pura casualidad. El campesino paseaba en busca de leña para su familia cuando oyó el aullido de lo que parecía ser un gato. Fue entonces cuando, en medio de un matorral, encontró al gato. Al ver que este era negro, supo que le había tocado el premio. Lo recogió y se lo llevó. De camino a casa se cruzó con unos soldados del Faraón que, al ver que lleva un gato negro le preguntaron por cuánto lo vendía. El pobre campesino no quería mal venderlo y puso un precio muy alto pensando que no lo aceptarían, pero lo que no sabía era que esa misma semana era el cumpleaños del Faraón y los soldados estaban dispuestos a pagar lo que fuera para quedar bien con él.

Fue entonces cuando el destino de nuestro felino, lo condujo hacia la casa real. Allí vivió una vida llena de lujos e incluso tuvo la suerte de poder aparearse con una gata negra con la que tuvo varios hijos. En definitiva tuvo una vida que ni en sus mejores sueños hubiese imaginado.

Las futuras generaciones de este gato siguieron viviendo adorados hasta llegar a la época romana. En este punto de la historia nuestro gato ya no pertenecía a la familia real pero si que poseía un cierto estatus social. El símbolo del gato negro fue ampliamente reconocido por los romanos que lo asociaban a la diosa Libertas signo de absoluta libertad. El felino vivía libremente sin ningún tipo de problema ni amo. Se rodeaba de sus amigos, felinos como él, y los humanos los respetaban. Un día, mientras estaban de parranda por las calles de Roma un compañero suyo fue asesinado por un hombre. Fue este el motivo clave por el que el senado romano decidió poner normas severas para la protección de este sagrado animal. A partir de ese momento la persona física que matara a un gato negro, sería castigada con la pena capital. Los gatos se volvieron intocables.

El gato negro llevó una existencia placentera hasta que la Iglesia, a mediados del siglo XIII, comenzó una terrible persecución contra ellos ya que se les consideraba símbolo del diablo y cuerpo metafórico de las brujas. Nuestro personaje alucinado con lo que estaba sucediendo, tuvo que esconderse en los bosques, alcantarillas y lugares oscuros ya que era allí dónde era más difícil verlo. Fueron años muy difíciles, el mal vivir se apoderó de él. Empezó a alimentarse de ratas y otros animales del subsuelo ya que era muy peligroso ir a las ciudades.

Un buen día, cansado de esconderse y comer mal, el gato, decidió ir a la ciudad, pasara lo que pasara, se propuso comer algo decente. Al llegar, se encontró a una persona de extraña apariencia, que no lo atacaba. Confiado se acercó a su lomo para ver si le daba algo. Y no anduvo equivocado, esta mujer le dio un trozo de pan, no era mucho, pero acostumbrado a ratas y gusanos, era una “delicatesen”. Aquí empezó una relación de amo y mascota.

El gato siempre estaba a su lado, en todo momento, hasta el punto que cuando ésta, prepara la cena el tenía que estar allí. Después de unos años comprendió que lo que hacia no era la cena sino que eran rituales y hechizos. Por ello supo, que estaba al lado de una bruja, cosa que no le importó ya que era el único lugar donde estaba seguro.

Fruto de la relación entre los gatos negros y las brujas, los demás felinos empezaron a ser víctimas de una despiadada e injusta persecución originada por la ignorancia y por absurdas supersticiones que relacionaban al animal con determinados ritos diabólicos. Por todo esto, la posesión de un gato bastaba para acusar a una persona de brujería y la condena podía considerarse segura si el animal era de color negro.

En este momento de la historia el gato tenía dos opciones, quedarse con la bruja y acercarse a una muerte casi segura o huir. Por supuesto eligió la segunda opción. Volvió a esconderse, observando de lejos como sus amigos eran protagonistas de un espectáculo cada vez más habitual en las plazas públicas, la quema de ellos en hogueras.

Esta tradición se hizo tan popular que el día de todos los santos la adoptó como suya. Lo que no se podía imaginar la Iglesia era el precio que pagaría la población humana por este exterminio.

La familia del gato negro consiguió sobrevivir a todas las quemas y persecuciones por lo que cada vez estaba más solo. Cada vez era más difícil encontrarse con alguno por las calles, ya que los que quedaban vivos, estaban escondidos y no solían salir.

Volviendo a lo que no se podía imaginar la Iglesia, la eliminación de los gatos fue de tal magnitud que cuando la peste negra impactó en Europa en el siglo XIV, apenas quedaban ejemplares para luchar contra las ratas, principales portadoras de la peste. La historia dice que la plaga fue tan devastadora debido al exterminio de los felinos.

Nuestro pequeño amigo, durante todo este tiempo se alimentó de ratas sin saber que estaba ayudando a los humanos ya que era su modo de sobrevivir.

En el 1400 la especie felina estuvo a punto de extinguirse en Europa. A partir del siglo XVII su existencia se revindica debido a su habilidad para la caza de ratas. Por ello el gato vuelve a conquistar parte de su antiguo prestigio pero no solo por su habilidad.

Después de muchas generaciones escondido, el gato negro vuelve a las calles. El tiempo lo ha llevado a emigrar a Inglaterra dónde puede pasear como antaño. Su belleza lo hace protagonista de cuadros y esculturas. Un buen día mientras buscaba algo de comida, fue encontrado por un pintor inglés. Éste se lo llevo a casa para así poder tenerlo como modelo de sus obras. El gato empezó a tener fama y los amigos del pintor se lo pedían prestado para hacer esculturas y pinturas sobre él. Volvía a ser bien visto.

Pero no todo es tan fácil. La dualidad del gato como símbolo de la divinidad y de la representación demoníaca, dio lugar a que en las supersticiones relacionadas con él, se le considere representante de la mala o la buena suerte, según el lugar o la circunstancia en que naciesen.

El gato, aburrido de estar todo el día quieto sin hacer nada, bueno sí, comiendo bien y teniendo todo lo que deseaba, decidió abandonar al pintor e irse de viaje. Se fue a Escocia, dónde la gente se peleaba por él ya que se le relacionaba con la buena suerte, se decía que si un gato negro se encontraba en la entrada de una casa o templo simbolizaba prosperidad para sus propietarios. Así que el gato se divertía haciendo esto, cuando se aburría se iba enfrente de una casa para ver la reacción de sus propietarios y así conseguía algo de buena comida.

Otra generación de gatos negros emigró a Irlanda en busca de algo mejor. Pero al llegar allí se le asociaba con la mala suerte ya que se decía que cuando un gato negro cruzaba tu trayectoria en el claro de la luna, significaba que iba a haber una enfermedad epidémica. Fue este el motivo que hizo que tuviera miedo de que se le empezara a perseguir y se fue lo más rápido posible hacia otro lugar.

EL MITO DEL GATO NEGRO
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